23 febrero 2024

SEBASTIAN DOMANICZKY /Arquitecto

Esta manera de ver las cosas ha traspasado el ámbito académico a lo que hoy conforma la filosofía del estudio que iniciamos. Que apuesta a la mirada crítica sobre la disciplina y sobre todo la difícil tarea de proponer arquitectura a partir de las ideas.

La figura de mi padre, también arquitecto, siempre me influyo. Su enorme sensibilidad plástica y su interés por el arte me resultaron fascinantes hasta el día de hoy. Él despertó mi interés por la arquitectura y ha logrado encontrar motivar y estimular mi pasión que es esta disciplina. Y en el mismo orden, la influencia de mi madre, que con su profunda mirada reflexiva sobre nuestra realidad social, cultural y política, ha nutrido mis ideas y las ha dado forma. Estas dos miradas siguen llenando de consistencia los proyectos que desarrollamos.

Existe actualmente una enorme paradoja, en la cual por un lado la arquitectura que se hace en Paraguay tiene una enorme visibilidad. Pero por otro lado las ciudades donde habitamos son todo lo contrario, caen a pedazos.

Es difícil sostener esta paradoja. La ciudad es la casa de todos, es el espacio donde desarrollamos nuestra cultura e identidad. La arquitectura forma parte de ella, es un fragmento de ciudad. Actualmente no existe una visión a futuro, sino todo lo contrario, el modelo actual de ciudad se vende al mejor postor, las normativas que se suponen deben defender el interés de todos, se acomodan a los intereses particulares.

Es imposible desarrollar cultura e identidad en ciudades que no priorizan el desarrollo para los ciudadanos.

El proyectar y el construir no están desasociados, así como habitar, que es la puesta en práctica.

Veo contradictorio en la práctica, proyectar un edificio funcional y luego pensar en la estructura como una condición separada. El proyectar y el construir están en constante asociación desde su concepción.

Pero de igual manera no solo basta con simplemente ordenar bien un edificio o estructurarlo, sino su verdadero valor radica en el pensamiento reflexivo que lleva detrás. El discurso del proyecto, la idea.

En este punto, podría decir que el punto más apasionante es la búsqueda de nuevas ideas, explorar lo que todavía no se ha explorado, descifrar un paisaje, inventar o imaginar maneras nuevas de construir para habitar el territorio. 

No veo diferencia, son igual de fascinantes ambas. En la amplitud de nuestra disciplina pueden encontrarse varios énfasis que son el motor de la generación de los proyectos. Por ejemplo, la construcción en el paisaje rural y la construcción en la ciudad, que resultan igual de fascinantes.

La primera trata de articular relaciones con el entorno, la vegetación, la topografía, los aromas, colores, etc. Para construir una manera peculiar de habitar, o como mencione anteriormente, “descifrar” un paisaje, captar su esencia, construir con el lugar.

En cambio, la construcción en la ciudad abarca relaciones con la escala de lo construido, con el espacio público, con los niveles de permeabilidad o intimidad, etc.

Lógicamente estos dos énfasis no son los únicos. También son indispensables para el proyecto abarcar ámbitos como la economía, la sostenibilidad, la cultura, la tradición, la materia, las estructuras, la fenomenología, etc. Creemos que cuantos mayores sean los ámbitos de reflexión en el proyecto, mejor será la calidad de la arquitectura que se produce.

Considero que más que directrices, necesitamos mayor sensibilidad a los problemas de nuestro tiempo, entender los sitios, los habitantes, las escalas de convivencia.

Está siendo una mala costumbre observar en nuestras ciudades, emprendimientos enormes en sitios inapropiados que enfatizan aún más el gran problema que las normas establecidas no están para proteger a los ciudadanos o aspirar a mejores ciudades, sino es un espacio para favorecer intereses particulares.

Aquí el gran mérito que fue conseguido por los organizadores de la BIAU, comandada por el Arq. José Cubilla (Joseto) es abrir el evento, salir de la academia y salir a la cancha.

Los curadores de cada país no solamente se encargaban de seleccionar las obras, sino de generar ideas en un sitio muy complejo que es la Chacarita. Es en ese momento donde fuimos invitados a compartir, aportar y seguir generando ideas en conjunto. Una experiencia única y sin precedentes tanto para nosotros, así como para el mismo evento.

Creo que todos, absolutamente todos, somos influenciados por los que nos rodean. Así mismo descreo que todo sea un simple merito individual. Es incomodo el término “competencia” que hoy es muy común y hasta casi “normal”.

Mi familia, amigos, colegas, maestros. La cultura, la universidad, los viajes, los paisajes, los libros. Las conversaciones casuales, los encuentros inesperados, las coincidencias y las disidencias. Hasta incluso, los problemas, los dolores, las equivocaciones y desaciertos. Son las grandes y pesadas raíces que se afianzan al suelo y permiten que pueda seguir creciendo.

Lo que insisto a mis alumnos sobre el hacer arquitectónico lo resumiría de esta manera:

Sensibilidad para percibir
Reflexión para producir
Precisión para construir.

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